Ya no somos niños, y nuestros juegos tienen poco de inocente. Ya no somos amantes
nuevos, y día a día descubrimos la capacidad inmensa para hacernos mal, una habilidad
que desconocíamos para hurgar en el hueco más doloroso del otro. Tú sabes escaparte
con excusas, y cambias de tema, y olvidas enseguida lo que te parece desagradable.
Ojalá tuviera yo esa virtud; pero me ha sido negada. Yo he sido siempre la responsable,
la seria, la chica gris junto al chico maravilla, la mosca cojonera que arruinaba las
gamberradas. Y ahora, cumplamos con nuestro papel, cada cual con el suyo.
El mío es cerrar los ojos y preguntarte cuándo fue la última vez que nos escapamos
sin planes un fin de semana; la última en la que nos miramos antes de caer derrotados
frente a la televisión, y las partidas con los amigos y la ventana pendiente de un arreglo
porque chirría, y los informes que no acabaste a tiempo el viernes. ¿Cuándo fue la
última vez que derrotamos al aburrimiento obligatorio del domingo?
Antes no era así. Antes te metías unos billetes en el bolsillo, y cogíamos el coche y
no regresábamos en dos días, con los minutos contados para arrancarnos la mugre con
una ducha y correr al trabajo. Antes te colabas en el cine y me esperabas dentro, y te
reías de mí porque yo no juntaba el valor para seguirte sin entrada. Antes cocinábamos
recetas de un libro que trajiste de Marruecos, y a veces podíamos comerlas, y otras
acabábamos en la noche con una sopa de sobre y dos tostadas con queso.
Se te está escapando la alegría, amor mío, y yo no sé cómo evitarlo. Yo no puedo ser
tú y yo al mismo tiempo, y siento que me quieres, y siento que nada pasa, y sin
embargo, creo que si nada pasa, algo grave ocurre, y no entra en mis planes tolerar que
la vida que comparto contigo, esta vida que tiene sentido únicamente porque tú la
compartes conmigo, envejezca sin remedio.
Piensa que el tiempo pasa. Imagina que tenemos de pronto setenta, ochenta años.
Piensa en que apenas podremos movernos, que pesarán las piernas, que la piel se habrá
como un embudo que nos tragara hacia el vacío. ¿Qué recuerdos tendremos entonces?
Yo te recordaré tomando champán a escondidas en el cumpleaños de mi hermano, te
recordaré saltando de balcón en balcón el día que olvidaste las llaves, me recordaré
durante aquel baile contigo con el vestido azul que te gustaba, nos recordaré rotos en
llanto en el entierro de tu madre. Y quiero llenar el resto de años que nos quedan de
recuerdos, quiero que creemos ahora la vida que luego será pasado, en lugar de que una
laguna plácida y quieta se extienda de aquí allá. No es esto con lo que soñaba.
Y como ya no somos niños, como todas las capacidades, y la fuerza, y el valor, todo
lo que poseemos, lo conocemos ya, ven, habla conmigo. Vamos a convertirnos en
viejos.
Espido Freyre
Feliz Martes!!
Besos
Feliz martes y mucho ánimo.
ResponderEliminarBesossss
Buf, no lo había leído antes, es bastante duro.
ResponderEliminarÁnimo como dice Nuria, de todo se sale Vanessa, y todo se supera, algunas cosas, por dolorosas, tardan mucho más tiempo. y recuerda, de todo se saca un aprendizaje y lo que no mata te fortalece.
un beso y feliz martes para ti también!
Gracias Nuria y Maeva.
ResponderEliminarEspero que no me mate pero sí que me fortalezca (jeje).
Besos
Me ha gustado el texto y volver a leerte! 1bs.
ResponderEliminarSentada en la luna: Gracias!!Besos
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